Una noche de partido

Me gusta el fútbol como le puede gustar a cualquiera.
Siempre que puedo leo sobre el Real Madrid y el Granada y veo algún partido. También del Gamba Osaka, de España y de Japón. Ahora que me he establecido en Japón aprovecho para hacer algo tan típico como ver a la Samurai Blue (la selección japonesa de fútbol)…pero no en bares al estilo español sino en pubs de deportes (lo más cercano, aparte de los izakayas, que hay en Japón a los bares). La última vez, hace bien poco, fuimos mi mujer y yo (hace poco me casé, es la razón por la que ahora vivo en Osaka) a Hub, un pub de estilo inglés que se puede encontrar en prácticamente todo Japón con cosas tan genuinamente extranjeras como cuba libres, sangría, churrasquinho brasileño y otras lindezas. Aquí un ejemplo, aunque nosotros fuimos al de Namba en Osaka.

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¿Motivo? Un Tailandia – Japón que tenía especial interés en ver por la conexión que tengo con los dos países. Durante este año pasado estuve trabajando en Tailandia como profesor de español y hay cosas a las que se les coge aprecio. Japón…bueno, creo que es más que evidente. Cuando llegamos a casi las 9, antes de que comenzara el partido, ya había bastante barullo en mesas cargadas principalmente de japoneses con camisetas de la selección y del Cerezo Osaka, algunos extranjeros…y unas pocas japonesas con ganas de guerra. Por ahí van los tiros.

Salieron los japoneses al campo, entonaron el Kimi ga yo (el himno nacional japonés), se entonó el himno tailandés (y yo hice lo propio con algunas partes, no por nada sino porque un año escuchando a los alumnos mañana tras mañana antes de las clases es lo que tiene) y al lío. El partido no tuvo mucha historia: Japón ganó (le costó trabajo pero pudo ser una sangría de goles), Tailandia mostró el bajo nivel del fútbol del Sudeste Asiático y la noche no se quedó ahí.

Hablaba antes de japonesas con ganas de guerra. No es raro el occidental al que se le ponen los dientes largos sólo de pensar en tener una aventurilla con una asiática. Gran parte de la culpa la tiene la industria musical japonesa…y también la del porno, para qué nos vamos a engañar. Las japonesas que aparecen en televisión o en películas subidas de tono de temática erótico-festiva muchas veces tienen poco que ver con la japonesa a pie de calle aunque hay excepciones. Lo mismo se puede decir a las chicas con respecto a los mozuelos japoneses: la decepción que se pueden llevar es todavía mayor que los chicos y no sólo por el físico.

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Si vas de fiesta verás chicas así. Hablarás con algunas…y algunas te hablarán. En inglés. Imagen de Crazy Pure

Al entrar a Hub y pedir cerveza y karaage (pollo frito a la japonesa) me fui fijando en la gente que había. Al margen de los fanáticos del fútbol y de grupos de amigos que se reúnen para tomar algo y pasarlo bien, había dos chicas que llamaban la atención. Una de ellas no demasiado guapa pero llamativa por su vestido negro y su pelo teñido de color té y que en todo el rato que pasamos en el pub no se levantó de la mesa ni un momento. Todo el rato con cara de aburrida. La otra, su amiga, llevaba un vestido blanco y negro de espalda abierta con unos taconazos de aguja blancos, pelo teñido de rubio y buen porte. Lo que se podría denominar “la guapa del baile”. Pude observarla de cerca cuando vino a la barra a pedir cerveza. Muy maquillada, lentillas de color marrón claro, pestañas larguísimas y cara de princesita en apuros. Más que de pubs parecía que fueran de fiesta a cualquier discoteca de Dotonbori.

Reconozco que no me fijé en ella por azar sino porque eran las dos únicas japonesas en todo el pub con esa vestimenta y era la de blanco la que destacaba. Me conozco además lo que pasa en los pubs de extranjeros y por qué esa clase de chicas va allí. Muchas van porque es guay, otras porque quieren aprender lenguas extranjeras (generalmente inglés)…y otras directamente quieren practicar con la lengua con un extranjero. Estas dos pertenecían a ese tercer grupo pero con una variante: les gusta llamar la atención.

No se me echen encima, que tal y como está el patio con estas palabras ya me podría llevar una retahíla de insultos larga como un tomo del B.O.E. No es la vestimenta habitual de las japonesas, créanme. Por lo menos para ir de paseo por la calle. Lo pensé en un momento y entre jugada y jugada echaba un vistazo para ver cuántos extranjeros le tiraban la caña. Primero porque, como ya he dicho, muchas buscan un revolcón con un muchacho rubio y de ojos azules que cumpla el sueño de sus vidas. Segundo, porque es el cebo perfecto para un extranjero con ganas de fiesta en un ambiente de ocio y con alcohol de por medio. No voy a criticar sólo a una parte, que quede claro.

Desde que empezó el partido hasta que acabó pude apreciar al menos a seis extranjeros que se le acercaron para hablar con las dos y quedarse hablando con “la guapa” mientras la amiga veía los goles de Haraguchi y Asano casi con aburrimiento (no la culpo, el partido era un monólogo de Japón con mil jugadas que no acabaron en gol por falta de acierto) y comiendo una patata tras otra. La guapa, entre cigarrillos y cervezas, iba despachando uno a uno a los susodichos, que respondían al clásico hombretón que suele ir de macho alfa pero que luego no se come un colín.

El partido tuvo una tónica predecible y el cortejo a la señorita igual. La verdad es que esperaba que en algún momento entablara conversación con algún chaval fornido que la convenciera de pasarlo bien en otro lugar para pasar a tareas de mayor envergadura llegado el momento. Suele pasar y con mucha frecuencia pero no fue el caso. Vino la amiga de mi mujer mediada la segunda parte y luego su profesor de inglés, que pincha en garitos así.

Tras la victoria de Japón en el Rajamangala, las chicas guapa y aburrida se largaron, el pub se quedó medio vacío y conocí a Carlito (nombre ficticio). Estuvimos hablando un buen rato entre los cuatro de muchas cosas de Japón y al final llegamos al tema de marras. Mi mujer y su amiga asentían con algo de resignación pero a sabiendas de que lo que salía de la boca de Carlito era cierto.

En todos sitios hay gente que quiere llamar la atención y en estos pubs suelen ser extranjeros y chicas con ganas de juerga…que luego no es tanta. Se nota en el lenguaje corporal, abierto y, por qué no decirlo, provocador, y en cuando hablan a los extranjeros en un inglés roto insinuando que están solteras. Se nota además en la interacción: el uso de la sonrisa, la mirada a los ojos…y en que las copas, entradas y demás por lo general les suelen salir gratis porque hay un tonto que paga.

Si bien critico a este tipo de chicas por reclamar atención y que les miren a modo de “soy un trofeo inalcanzable” a modo de cabra de Sir Thomas Wyatt en Whoso List to Hunt también me meto con mis congéneres, que muchos andan escasos de buenas virtudes. Pagan bebidas para conquistar, actúan cual macho alfa casi como si interpretaran un papel y se nota a leguas lo que quieren: follar. No es una actitud que se limite a Japón: este microcosmos me lo he encontrado en cualquier lugar del mundo en el que he estado y son dos actitudes que me revientan: la que va de diva y de “mírame y no me toques” y la de “esta noche voy a triunfar porque yo lo valgo y se me van a abalanzar todas como los buitres con un cadáver fresco”. Somos humanos, incluso con culturas diferentes no somos tan distintos. A este tipo de individuos, por cierto, se les llama charai (playboys) y una japonesa normal no los quiere ni en pintura.

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Charai: tío que se va con cualquiera. Una japonesa que quiera novio no quiere a un charai que se vaya con unas y con otras. Imagen de Tokyo Night Owl y Mizuka Inaba

Lo preocupante de este asunto, y en esto coincidimos todos, es que esta gente que demanda atención por su lenguaje corporal, su vestimenta o sus atributos físicos a veces recibe tanta atención que no sabe cómo llevarla, generalmente por diferencias culturales. Japón es un país en el que decir “no” de forma directa es grosero e hiriente, por lo que se buscan fórmulas alternativas para evitar la confrontación directa con alguien. Esto deriva en problemas. Igual que alguien en un Ferrari que quiere mucha velocidad, se pone a 240 por hora y pierde el control con riesgo de un accidente catastrófico, no es la primera de estas chicas que acaba teniendo sexo con alguno de estos mozuelos engañadas y sin ellas quererlo. No es difícil: el último tren a casa se ha ido, ahora me tengo que quedar sola y para eso prefiero quedarme con este hombretón para hablar un poco, que me lleve a un hotel, darme una ducha y descansar.

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Lo que tú dices pueden entenderlo…o malinterpretarlo. Y tú también. Imagen de Tokyo Night Owl y Mizuka Inaba

Sí, han leído bien. El intercambio de fluidos no entraba en sus planes, sí en los del chaval que está salivando cual Homer Simpson pensando en rosquillas y con la entrepierna a punto de estallar porque no se cree que haya sido tan fácil tomarle el pelo a una japonesa (o sí, porque no es a la primera a la que engaña). Ahí viene luego el abuso si la chica está borracha, el “no quiero pero lo tengo que hacer porque paga él y porque tengo donde dormir”…y la violación. Porque le pese a quien le pese, las relaciones sexuales sin consentimiento mutuo se consideran violación. Esto en Japón oficialmente está perseguido, pero la realidad es que si una chica sufre una violación no tiene a todo el sistema a su favor como en España sino que lo tiene en contra.

Encima de cornuda, apaleada. Algo habrá hecho, que dirían esos padres de los años 50 y los 60 y es lo que opina el sistema japonés en general. Teniendo en cuenta además el acoso que sufren las mujeres en los trenes japoneses con hombres miserables que se dedican a manosearlas, ellas sin saber decir que no y el resto de los pasajeros mirando a otra parte, una noche de partido (de partido del bueno, del de meter un gol por la escuadra) puede acabar en goleada y de las dolorosas. No sé si me entienden.

PD: se puede interpretar de muchas maneras pero ni me gusta la gente que llama la atención (como se ha podido comprobar) ni tampoco me gusta el típico extranjero que piensa que por ser exótico puede abusar y sentirse rey a costa de los demás, aunque vaya en contra de sus deseos. Ni qué decir tiene que violar a alguien y aprovecharse de esa persona me parece deplorable y meritorio del peor de los castigos a quien viola porque lo peor no es el hecho en sí sino las secuelas que deja, que son para toda la vida.